viernes, 5 de octubre de 2012

Television ¿Mala palabra?

La televisión. La más amada en la familia, la más odiada en otras. Premio merecido o castigo inevitable. Es sumamente grande la dualidad que existe con respecto a la televisión en la familia, y más aun lo es en relación al desarrollo y el aprendizaje de los niños.
Orozco Gómez en “La televisión como juguete” explica que generalmente se relaciona la idea de la televisión con un medio de entretenimiento y diversión. Como mucho se lo relaciona con un medio de información.
Esto sucede ya que se evalúan los resultados de los efectos televisivos no deseados.
Cornejo va a coincidir con Orozco Gómez en la idea de que la sociedad es sumamente indiferente al efecto “modelador” que tiene la televisión sobre la misma.
No se considera un instrumento que genere conocimientos y, sin embargo, tal como afirma Orozco Gómez:

“(…) es justamente toda esa otra televisión que no pretende lograr aprendizajes específicos la que más educa, la que ha estado educando a varias generaciones y la que nos desafía en el logro de otros objetivos societales. (…)”

Pero, para que esta educación “no visible” se realice, se van desarrollando diferentes aspectos en el espectador tanto a nivel interno como a nivel externo.
El sujeto no se sienta frente al televisor con la mente en blanco, afirma Cornejo. El sujeto recibe los mensajes y la información que se emite desde este instrumento siempre sobre una base de ideas, valores, significaciones, etc. y eso, es lo que le va a permitir plantear su propio punto de vista, su propia vivencia frente al televisor. Esto dará lugar a una serie de miradas diversas sobre un mismo mensaje. Entra la subjetividad en juego.
El sujeto tomara el mensaje y lo re-creara. Lo re-producirá en base a sus ideas, valores, significaciones.
Dice Orozco Gómez:

“(…) Esta perspectiva sostiene que toda recepción mediática es un proceso necesariamente multimediado. Una fuente de mediación es el propio sujeto con sus particularidades e individualidad. Otra es la misma situación de recepción, en la que pueden variar diferentes componentes. Otras más son esas fuentes estructurales como la clase social, la etnia, la edad y el género, desde donde también damos sentido, significamos o nos apropiamos de la información con la que interactuamos. Otra mediación más es la misma televisión o los medios de comunicación de que se trate, sus definiciones institucionales y contextuales y por supuesto técnicas y lingüísticas. Todas estas y otras mediaciones intervienen y configuran los procesos de recepción. (…)”

Las ideas del sujeto, el contexto donde se desarrolle esa emisión de mensaje, el mensaje mismo. Todo infiere en la manera en la cual sea recibido y recreado ese mensaje por parte del sujeto.
Es aquí, en la recreación de mensajes, donde se pone en juego lo educativo.
Huergo explica:

“(…) Existe formación de sujetos
En la medida en que se produce un proceso de
Identificación (…)

El “moldeamiento” del que anteriormente hable, tiene que ver con eso. Un proceso de identificación (siempre tomando en cuenta el contexto individual, social, psicológico, moral, etc. que tenga un individuo) en donde el sujeto logra reconocerse en los mensajes que recibe y recrearlos a partir de esa identificación. Es algo mas significativo para el.
Es importante recalcar que desde el plano físico podemos evidenciar la significación que tienen los mensajes de la televisión para los niños. Tanto en el área de Practicas del año pasado como las de este año, pude ver como los niños recreaban situaciones ficticias y reales vistas en la televisión. Los mas grandes suelen opinar sobre lo que ven, esto es algo importante porque ilustra las ideas desarrolladas tanto por Orozco como por Cornejo.
Desde el punto de vista de los tres autores, ante la inevitable capacidad de la televisión de formar sujetos y subjetividades, lo que debe de tenerse en cuenta es la necesidad de desarrollar eficazmente una alfabetización audiovisual sobre cada sujeto.
Darles herramientas para poder tomar ese mensaje recibido de la televisión y “desmantelarlo”.
Orozco Gómez explica:

“(…) si en algo ha avanzado la televisión es en su capacidad de borrar las huellas de su particular encodificación. Esto significa que es más probable ahora  que antes, que los televidentes no "vean" la construcción de esas representaciones que nos ofrece la televisión en su pantalla. Este "no ver" se refuerza entonces desde la misma televisión, también a partir de la gran campaña mediática  de nuestro tiempo, por la cual bajo los fines mercantilistas que gobiernan el ecosistema comunicativo contemporáneo, se vende la idea de "Transparencia de la imagen" o de transparencia del mensaje (…)”

Cornejo explica que no siempre el sujeto es consciente de los mensajes que recibe.

“(…) si en algo ha avanzado la televisión es en su capacidad de borrar las huellas de su particular encodificación. Esto significa que es más probable ahora  que antes, que los televidentes no "vean" la construcción de esas representaciones que nos ofrece la televisión en su pantalla. Este "no ver" se refuerza entonces desde la misma televisión, también a partir de la gran campaña mediática  de nuestro tiempo, por la cual bajo los fines mercantilistas que gobiernan el ecosistema comunicativo contemporáneo, se vende la idea de "Transparencia de la imagen" o de transparencia del mensaje (…)”

De ahí la importancia de una alfabetización audiovisual que permita la decodificacion de ese mensaje y que, producto de esa decodificacion, tal como explica Huergo se produzca un cambio en la práctica cotidiana del sujeto junto con la adquisición de nuevos valores, ideas, actitudes, etc. Pero… ¿Es posible tener una mirada “critica” con respecto a los mensajes recibidos en la televisión? ¿Es posible dejar la subjetividad de lado al momento de re-crear un mensaje?¿Se puede ser “objetivo”?.
Uno nunca sabe si es objetivo al leer un mensaje, pues la subjetividad siempre entra en juego. Con una mirada hacia el presente y teniendo en cuenta que la televisión es una de las tecnologías más populares y abarcativas del mundo, finalizo con una reflexión.
 Comprender los procesos ocultos ante nuestros ojos, reflexionar sobre ellos y analizarlos nos permitirá comprender y desarrollar nuestras propias significaciones, conformar o complementar nuestro sistema de valores y actitudes, reposicionar nuestros posicionamientos ideológicos y, ser espectadores de la vida, con otros ojos.